Pensamiento Del Dia

Es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo (Heb. 10:31).
Ananías y Safira eran un matrimonio de la congregación de Jerusalén. Vendieron un campo y donaron parte del dinero a un fondo común que se había creado para atender a los nuevos discípulos de lugares lejanos que estaban de visita en Jerusalén. Sin embargo, Ananías y Safira fingieron que donaban todos los beneficios obtenidos con la transacción, cuando en realidad solo entregaron una parte. Seguramente, los dos pretendían gozar de algún honor especial entre los hermanos. Pero esa manera de actuar era un engaño. De forma milagrosa, Jehová reveló el fraude al apóstol Pedro, quien lo expuso delante de Ananías. Acto seguido, este se desplomó y murió, y otro tanto le ocurrió poco más tarde a su mujer (Hech. 5:1-11). No era que Ananías y Safira hubiesen tenido un momento de debilidad. Habían actuado con total premeditación intentando engañar a los apóstoles. Y lo que es peor, se habían atrevido a “tratar con engaño al espíritu santo y […] a Dios”.

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